El presente trabajo pone en relación cuatro monumentos antiguos (la estatua de Prima Porta, las Res Gestae Divi Augusti, el Ara Pacis y la misma Eneida) con sendos documentos bibliográficos publicados en fechas clave del siglo XX: un manual escolar de literatura latina publicado en 1928 (dictadura de Primo de Rivera), una antología de fuentes latinas sobre Octavio publicado en 1939 (III Reich de Adolfo Hitler), una guía arqueológica publicada en 1938 (dictadura de Benito Mussolini) y un ensayo alemán publicado en español el año de 1945 (dictadura de Francisco Franco). De este análisis, cabe establecer un complejo imaginario del poder basado en cuatro ideas básicas: la imagen del líder, su legitimación, la equivalencia entre poder y orden y, en cuarto lugar, el afán de pervivencia más allá del propio tiempo en que se ejerce ese poder. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. CÁTEDRA DE HISTORIOGRAFÍA Y RECEPCIÓN DE LA LITERATURA CLÁSICA. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
- Introducción: el imaginario del poder
El título de este trabajo nace de un juego de palabras a partir de un conocido libro titulado Augusto y el poder de las imágenes, una obra fundamental publicada por el historiador alemán Paul Zanker en 1987 (editada en español por Alianza Editorial).

El libro demuestra cómo el primer emperador de Roma, Octavio Augusto, se sirvió del arte, la arquitectura y los símbolos públicos como una poderosa herramienta de propaganda para consolidar su poder absoluto y reconstruir la identidad romana tras décadas de guerras civiles. Si bien vamos a servirnos de algunos de los presupuestos establecidos por la obra citada, el propósito de este trabajo, sin embargo, es bien distinto y mucho más concreto. Nuestra intención es partir de cuatro monumentos antiguos propiciados por Octavio Augusto para analizar cómo han quedado plasmados en algunos documentos bibliográficos modernos: una historia de la literatura romana, una antología de textos sobre Augusto, una guía arqueológica del Ara Pacis y un ensayo sobre Virgilio. A través de la pequeña historia de cada documento intentaremos perfilar cuál es el imaginario del poder creado por Augusto y que ha llegado hasta nosotros, normalmente de manera inconsciente. Este trabajo pretende mostrar cómo el primer emperador de Roma creó un complejo imaginario del poder que ha transcendido hasta nuestro tiempo a través de algunos de los regímenes políticos más característicos de la Historia: el absolutismo, el fascismo y, por regla general, los populismos, y cómo ese imaginario ha llegado hasta nosotros de una manera sutil y concreta por medio de materiales didácticos, guías de monumentos o ensayos. Pero antes de hablar acerca del imaginario del poder augusteo conviene definir qué son los imaginarios en general y los de Roma en particular.

- Qué son los imaginarios. Su carácter social y compartido
Es importante que definamos lo que son los imaginarios (González-Rivas Fernández s.v. “Imaginario”, en el DHTC), con especial realce en su carácter social y compartido. El concepto de imaginario se presenta, a día de hoy, como un instrumento clave para poder comprender cómo se lleva a cabo la recepción de la Antigüedad en los contextos modernos, dado que las ideas que nos hacemos colectivamente acerca de las cosas, al margen de su exactitud o adecuación, se convierte en un aspecto clave para apreciar cómo se representa el mundo clásico en la actualidad. Los imaginarios de Roma son muchos y complejos. Así lo mostramos en la asignatura “Roma imaginada”, que impartimos en la Universidad Complutense. Estos son algunos de los principales imaginarios de Roma, tal como quedan reflejados en el tema primero de la asignatura:
a) El imaginario romano frente al griego
b) Roma como imperialismo
c) Ex Roma lux: el imaginario renacentista
d) El imaginario viajero y de las ruinas: Roma y el Grand Tour
e) La Roma de la sangre y los vicios
f) Oriente frente a Occidente
El asunto de Augusto y el imaginario del poder está íntimamente ligado al imaginario de “Roma como imperialismo” (a este respecto, resulta muy pertinente el libro de Juan Luis Conde titulado La lengua del imperio; la retórica del imperialismo en Roma y la globalización), que desde los años 70 ha llevado a que ciertos libros de Historia sustituyan el término “Romanización” por otros como “Invasión romana” o “Aculturación”.

Asimismo, como veremos en el último apartado de este trabajo, el imaginario del poder augusteo también está muy ligado a la idea de Oriente frente a Occidente. De manera concreta, Roma representaría a Occidente, tal como vamos a encontrar en la interpretación del pasaje del escudo de Eneas que figura en el libro octavo de la Eneida. Dado que el concepto de poder es un elemento clave tanto en la cultura romana como en su moderno imaginario, es conveniente aclarar algunos aspectos previos de naturaleza léxica.

- El concepto de poder y la lengua latina
La lengua latina ofrece un campo especialmente rico para analizar la concepción romana del poder, tanto por la variedad de términos empleados para designarlo como por las relaciones semánticas que estos establecen entre autoridad, dominio y orden. Entre los conceptos fundamentales destacan imperium, potestas y auctoritas, que, aunque relacionados, remiten a formas distintas de ejercer o legitimar el poder. El primero se vincula especialmente con la capacidad de mando y de imposición; el segundo, con el poder reconocido por una determinada posición institucional; el tercero, finalmente, con una autoridad basada en el prestigio, la legitimidad y la influencia.


Esta concepción compleja del poder permite comprender también la tensión entre los dos grandes imaginarios políticos de Roma: República e Imperio. Como ha señalado Juan Luis Conde, ambos pueden entenderse como modelos en conflicto que articulan de manera diferente la relación entre poder, instituciones y comunidad. En este contexto, resulta especialmente significativa la asociación entre orden y poder, que puede formularse mediante la metáfora conceptual EL PODER ES ORDEN. Esta concepción da lugar, por ejemplo, a una falsa definición del anarquismo como “desorden”, como Podemos apreciar en la segunda acepción que de “Anarquía” nos ofrece el DLE:
Del gr. ἀναρχία anarchía.
- Ausencia de poder público.
Ant.: gobierno.
- Desconcierto, incoherencia, barullo.
Sin.:desorden, caos, confusión, desgobierno.
Ant.: orden.
- anarquismo (‖ doctrina que propugna la supresión del Estado).
Sin.: anarquismo, libertarismo, acracia.
De esta forma, el poder se legitima así en la medida en que es capaz de establecer, conservar y proyectar un determinado orden político y social. Por su parte, la noción de poder absoluto adquiere una dimensión particular cuando se proyecta sobre el espacio y el tiempo: un poder verdaderamente absoluto aspira a extenderse territorialmente y a perpetuarse históricamente, presentándose además como un poder indiscutible. De ahí surge uno de los problemas fundamentales de la teoría política posterior: la necesidad de limitar y dividir el poder para impedir su concentración absoluta.
En este sentido, Octavio Augusto constituye para la posteridad una de las representaciones más elaboradas del poder absoluto. Su figura concentra y transforma las distintas tradiciones romanas del poder, articulando autoridad, mando y legitimidad bajo una nueva configuración política. El imaginario augusteo proyectará así una determinada idea de poder que no se limita a la capacidad de gobernar, sino que aspira a presentarse como garantía de orden, estabilidad y continuidad en el tiempo.
- Octavio Augusto y cuatro monumentos representativos de su poder
En aras a una necesaria concreción, vamos a centrarnos en cuatro monumentos cuya creación favoreció el propio Augusto para fomentar el imaginario de su poder y el propósito de cada uno:
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La estatua del emperador hallada en Prima Porta: la imagenpersonal del dictador
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Las Res Gestae Divi Augusti o el Monumentum Ancyranum: la legitimación de las acciones
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El Ara Pacis Augustae recuperado y reconstruido junto al Tíber: el ordenimpuesto
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La Eneida de Virgilio: el afán de perpetuidad
El planteamiento de nuestro trabajo no consiste en el análisis de estos monumentos como tales, sino en la proyección moderna que tuvieron en sendos documentos bibliográficos publicados en fechas fundamentales del siglo XX:
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Un manual de literatura latina publicado en Madrid el año de 1928 (dictadura de Primo de Rivera)
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Una edición escolar acerca de las fuentes del emperador publicado en Berlín/Leipzig el año de 1939 (III Reich de Adolfo Hitler)
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Una guía del Ara Pacis publicada en Roma el año de 1938, reeditada sucesivamente tras la Segunda Guerra Mundial (dictadura de Benito Mussolini)
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Una traducción española del libro de Haecker sobre Virgilio como padre de Occidente y publicada en Madrid en 1945 (dictadura de Francisco Franco)
Nuestro objeto de estudio, por tanto, lo van a constituir estos cuatro documentos bibliográficos, cuyas fechas de edición o reedición van a ser argumentos esenciales para el análisis que queremos llevar a cabo acerca del imaginario que Octavio Augusto creó en torno a su poder ya en pleno siglo XX.

- La estatua de Augusto y un manual escolar publicado en 1928
La estatua de Prima Porta, hallada en 1863, se ha convertido en la imagen por antonomasia del emperador, si bien ha ido recibiendo a lo largo de los años diferentes lecturas, fundamentalmente ligadas a modernas dictaduras. De manera significativa, en 1940, el dictador italiano Benito Mussolini regaló a España varias copias de bronce de esta estatua. Mussolini buscaba promover el fascismo y recordar un pasado romano compartido. Envió estas estatuas a ciudades españolas fundadas por el emperador romano, como Zaragoza, Mérida, Tarragona y Gijón. Más allá de la monumentalidad de la estatua y de sus réplicas, a la hora de estudiar su dimensión imaginaria, contamos con unos instrumentos mucho más discretos, si bien resultan ciertamente útiles: los materiales didácticos. De hecho, los libros escolares sirvieron de manera muy efectiva para la difusión de la estatua, y no solo los de arte o historia de Roma. A este respecto, puede verse la interesante ilustración que aparece en el manual de literatura latina de Eustaquio Echauri, publicado en 1928 y manual único y oficial, de acuerdo con las directrices de a política educativa durante la dictadura de Primo de Rivera. La imagen de Augusto aparece, no lo olvidemos, en un manual de literatura (no de historia de Roma), y muy cerca de la propia imagen de Virgilio, un par de páginas más atrás (en los dos apartados finales volveremos a esta productiva y conflictiva asociación entre el emperador y el poeta). No se trata de un hecho baladí, pues la presencia de Augusto va a incidir en la propia manera de periodizar la literatura latina. Este manual sigue una pauta historiográfica muy consolidada ya en el mundo académico: la delimitación de la “Edad de Augusto” frente a la “Edad republicana”, encarnada en Cicerón. Se trata de un rasgo propio de la historiografía germana (Schanz-Hosius). Véase a este respecto el cuestionario preparado durante la dictadura de Primo de Rivera para la división de la literatura latina, inspirado precisamente en la historiografía germánica:
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Literatura latina: conceptos y preliminares
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Ciclo literario de la monarquía, y de la república
Elementos de literatura nacional
Edad arcaica
Edad de Cicerón
- Ciclo literario del imperio
Edad de Augusto
Edad argéntea
Edad de cobre
De esta forma, había un interés expreso en diferenciar la edad de Cicerón, asociada a las interminables luchas civiles, de la edad de Augusto, caracterizada por el fin de tales luchas (aquí podría apreciarse la metáfora subyacente del poder absoluto como instaurador del orden). De esta forma, el poder absoluto es el que crea la paz y el orden, frente a la disensión propia de los regímenes republicanos. Echauri se muestra claramente favorable a la nueva situación política creada por Augusto:
Entramos en el segundo período de la Edad de oro, conocido con el nombre de Edad de Augusto. Cansados los romanos de sus interminables guerras civiles, apenas sintieron la pérdida definitiva de su libertad republicana, compensada por la paz que el imperio les traía. El cambio de gobierno debía traer consigo la transformación de la literatura: los géneros que, como la oratoria, sólo viven con las luchas políticas, pasaron casi totalmente a la historia. Pero Augusto y su favorito Mecenas fueron cultivadores y grandes protectores de las letras: pasó el tiempo de los briosos discursos del Senado y del foro: empezaron las recitaciones literarias de salón, y se abrió campo a una nueva era de poesía, consagrada en gran parte a celebrar al príncipe y el imperio. (ECHAURI 1928: 78-79)
Observemos que no deja de estar aquí implícito el imaginario del dictador con mano de hierro que termina con las disensiones políticas, afín a lo que señalaba el manifiesto del propio Primo de Rivera, cuya pretensión era liberar a España de los “profesionales de la política”. Con respecto a la ilustración del manual, tenemos una fotografía definida por el ángulo desde el que se toma la perspectiva de la estatua. La fotografía parece corresponderse con una proveniente de la misma Alemania y realizada en 1891 (Getty Images):

La imagen se caracteriza porque no está tomada frontalmente, sino desde el ángulo derecho, como cabe intuir del basamento. La fotografía ha cumplido una misión importante a la hora de difundir la imagen de la estatua de Augusto, donde se lo representa eternamente joven y con una evidente pose de autoridad. A pesar de la longevidad del emperador, esta impronta juvenil es la que ha quedado en la retina colectiva. Asimismo, y aunque se hayan hecho ensayos sobre su coloración original, la propia fotografía en blanco y negro ha contribuido a difundir una imagen monócroma de la Antigüedad.
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- Res Gestae. El uso de la primera persona y la herencia cesariana. El Monumentun Ancyranumen el contexto de una publicación alemana de 1939
Una mañana, al entrar en la Biblioteca de Filología Clásica de la Universidad Complutense, me sorprendió la presencia de unas pequeñas torres de libros, todos iguales, que estaban a disposición de quien quisiera llevárselos. No tardé en darme cuenta de que se trataba de antiguos materiales didácticos publicados a finales de los años 30 del siglo XX y procedentes de Alemania. Uno de ellos llamó especialmente mi atención, dado que en su portada aparecía reproducida la estatua de Augusto de Prima Porta que ya hemos visto en el apartado anterior, si bien en este caso la imagen reproducía la estatua frontalmente.
Por lo que pude indagar, tales ejemplares habían llegado desde Alemania. Eulalia González Parra, por aquel entonces subdirectora de la Biblioteca de la Facultad de Filología de la Complutense, me proporcionó esta útil información acerca de la procedencia de tales ejemplares: “Los libros llegaron procedentes del Instituto de Secundaria Cervantes. No todos son alemanes, pero hay muchos. Hay unos 1700 libros que están ahora en cajas. Llegaron algunos más pero hicimos un primer expurgo y mandamos a otras bibliotecas lo que no era de nuestra materia. Por lo que yo he podido indagar creo que el fondo alemán tiene que ver con los años en que el IES Cervantes ocupó los locales del antiguo colegio alemán de Madrid”. Revisemos sucintamente el contenido de este ejemplar que contiene las Res Gestae publicado por la afamada editorial Teubner en Leipzig-Berlín en 1939 acerca de las fuentes sobre Augusto. Las fuentes vienen constituidas por Tito Livio, unos pasajes de la Vida de César de Suetonio, la primera égloga de Virgilio, el Monumentum Ancyranum, ciertos pasajes de los Fastos de Ovidio y algunos pasajes de la Vida de Augusto por Suetonio. El libro fue elaborado por Max Gottschald, quien ya en 1927 había publicado también en Teubner una obra titulada Augustus und seine zeit: Suetons biographie und andere quellen. En este caso, las fuentes son Suetonio, Horacio, Donato, Monumentum Ancyranum, Mecenas, Livio, Virgilio, Ovidio y Estrabón. Curiosamente, la recopilación de tales textos también excluye lo testimonios relativos a los Anales de Tácito, mucho más críticos.
El año de 1939 es relevante porque termina la Guerra Civil española y comienza la Segunda Guerra Mundial. También en este mismo año de 1939 publica Ronald Syme su afamado libro The Roman Revolution. El libro supuso una lectura revisionista y abiertamente negativa del emperador que no llegó a ser plenamente aceptada hasta terminada la gran contienda.
Desde luego, el libro sobre las fuentes de Augusto publicado en 1939 no supone en absoluto una publicación inocente. De manera análoga, en 1938 Pascual Galindo había dedicado su traducción del Monumentum Ancyranum en la revista Jerarquía a Francisco Franco, en sintonía con el el espíritu nacionalsocialista de la época (Duplá 2001). Las Res Gestae son más un documento histórico que literario. Desde luego no alcanza a la altura de las obras del padre adoptivo de Augusto, Julio César. Ambos autores buscaron la legitimación de sus actos en sus escritos. Podemos apreciar cómo desde los cimientos de la educación se legitima el poder absoluto.
No deja de ser curioso el interés que este monumento suscitó en el rey Luis XIV. El llamado Rey Sol, ligado mitológicamente a Apolo, crea inspirado en el propio Augusto el imaginario del absolutismo. La relación histórica entre el Monumentum Ancyranum (si bien se perdió la inscripción que había frente al Mausoleo, pudo encontrarse la inscripción de las Res Gestae Divi Augusti en Ankara) y el rey Luis XIV de Francia radica en el impulso de la corona francesa por recuperar y copiar este valioso texto clásico a principios del siglo XVIII. Si bien hoy día ya no existe más que el emplazamiento del Monumentum Ancyranum, disponemos de una copia del texto justamente al pie del moderno emplazamiento del Ara Pacis, en Roma.

- Ara Pacis. Poema en mármol y una guía publicada en Roma en 1938
Mi visita al Ara Pacis se produjo ya cuando se había dispuesto el moderno complejo museístico diseñado por Richard Meier. Además de una pequeña discusión con el personal de control acerca de mi derecho a entrar gratis por ser profesor de filología latina, recuerdo que en su tienda encontré una antigua guía arqueológica del monumento.
El ejemplar pertenece a una acreditada colección de guías arqueológicas que aún pueden encontrarse como restos editoriales en ciertos museos y yacimientos. La guía en cuestión que encontré en la tienda del Ara Pacis era obra del arqueólogo italiano Giuseppe Moretti (primera edición de 1938) dentro de la “Collana degli Itinerari dei Musei, Gallerie e Monumenti d’Italia”. Giuseppe Moretti dirigió la excavación, rescate y reconstrucción definitiva del Ara Pacis Augustae entre 1937 y 1938, convirtiéndose en la figura clave para la salvación de este icónico monumento romano. Moretti no hace en su guía referencia alguna a la situación política del momento, salvo cuando se habla de la decisión tomada por el ministro de educación, Giuseppe Bottai, de acometer la reconstrucción. Pero no debe olvidarse el papel fundamental que desempeñó Benito Mussolini en una campaña propagandística que ligaba el pasado romano imperial con el nuevo régimen fascista.
La guía de Moretti volvió a ser publicada tras la segunda guerra mundial, una vez liberado el monumento de sus protecciones. Es muy significativo que esta guía gozara luego de sucesivas ediciones tanto en italiano como en inglés. La posterior historia editorial de esta pequeña guía da cuenta de la nueva relectura del monumento, más allá del contexto político donde se inscribe su reconstrucción. Ciertamente, Moretti tan solo daba una escueta noticia acerca de las disposiciones que el ministro de instrucción pública había aprobado para que se desarrollara el proyecto de recuperación. En realidad, el tono técnico de la guía contrasta con la naturaleza propagandística que llegó a tener el acto de inauguración (https://youtu.be/CILr3dV3hxI?is=NWDNB1EuaziJjJ1u).
La Paz Augusta va a ser otro de los grandes mitos ligados a las modernas dictaturas. Recuerdo que el Hospital Universitario La Paz en Madrid se inauguró el 18 de julio de 1964. Su nombre y creación conmemoraban los llamados “XXV Años de Paz” del régimen franquista tras la Guerra Civil. El Ara Pacis es uno de los monumentos que mejor definen desde el punto de vista iconográfico la época y la figura del primer emperador de Roma. En señal de agradecimiento por sus exitosas campañas por Hispania y la Galia, en el año 13 a.C., el Senado decidió construir este altar de la diosa Paz junto al Campo de Marte, lugar conocido por tal nombre porque allí se había erigido antiguamente un templo al dios de la guerra. Esta circunstancia no deja de tener cierto carácter simbólico, pues la guerra y la paz constituyen las dos caras del propio Augusto. Primero se erigió un altar provisional el mismo año 13 a. C., y en el año 9 a.C. se terminó de construir el altar de mármol de estilo helenizante que podemos admirar hoy día reubicado y reconstruido junto al Tíber.
Vamos a terminar nuestro apartado sobre el Ara Pacis destacando el papel protagónico que tiene Eneas en su iconografía, en un afán de la familia imperial por apropiarse de la propia leyenda troyana, de manera que Augusto se convierta en un nuevo Eneas. No en vano, si se contempla el templo desde la esquina delantera derecha, vemos a un lado a Eneas y, al otro, en el relieve lateral, al mismo Augusto, ambos con la cabeza velada y en clara relación de continuidad. Este planteamiento nos lleva al cuarto y último de los monumentos que vamos a estudiar, esta vez literario.
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- La Eneida. La muerte de Virgilio y la inmortalidad de Augusto: la publicación en 1945 de un libro alemán sobre el poeta y su misión providencial
La Ciudad Universitaria de Madrid fue uno de los principales frentes de combate de la llamada “defensa de Madrid”. Su restauración se inauguró oficialmente el 12 de octubre de 1943, y la construcción del llamado “Arco de la Victoria”, que contiene dos inscripciones latinas, tuvo lugar entre 1950 y 1956. Vamos a referirnos ahora a un libro publicado en Madrid en 1945 y cuyo prólogo, significativamente, se ubica expresamente en esta Ciudad Universitaria.
Se trata de la versión española de una obra publicada catorce años antes, en 1931, por Theodor Haecker, con el título de Virgilio, Padre de Occidente. El libro es vertido a la lengua española y publicado en 1945 con un prólogo del argentino Juan Carlos Goyeneche (1913-1982), un destacado político, escritor e intelectual ultra-nacionalista argentino vinculado al catolicismo integrista y a las corrientes de extrema derecha del siglo XX. Su figura es históricamente relevante por sus conexiones transnacionales con los regímenes fascistas europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Goyeneche, director del proyecto editorial donde se inscribía la versión española del libro de Haecker, se encargó de escribir el prólogo oficial de este volumen, mientras que la traducción del texto original en alemán al castellano corrió a cargo del académico español Valentín García Yebra. En el prólogo, no sin expreso dolor, aparecen los ecos al final de la Segunda Guerra Mundial y el hundimiento de la Alemania nazi. Desde 1931 hasta 1945, la visión providencial de Haecker, concebida en unos tiempos bien diferentes, los de la República de Weimar (1918-1933), supone toda una relectura contrastable con otra obra publicada también en 1945, pero ya muy lejana a la anterior en cuanto a los presupuestos de que parte. En 1945, terminada la Segunda Guerra Mundial, el ambiente favorable y legitimador del emperador Octavio Augusto iba a dar un vuelco.
Un aspecto representativo de este nuevo estado de cosas será la segunda edición de La revolución romana de Ronald Syme en 1951, un contexto más favorable para comprender su posición crítica que el de 1939. A finales de la II Guerra Mundial el escritor austriaco Herman Broch publica su novela titulada la Muerte de Virgilio. La novela relata minuciosamente las últimas dieciocho horas de vida del poeta romano Virgilio tras su llegada al puerto de Bríndisi junto al emperador Augusto. Enfermo y sumido en un estado de duermevela entre la lucidez y el delirio, Virgilio se ve asaltado por una profunda crisis existencial. Atormentado por la idea de que su obra maestra, la Eneida, es imperfecta y no ha logrado capturar la verdad absoluta, toma la drástica decisión de quemar el manuscrito. El núcleo del libro avanza a través del debate ético y estético entre el poeta y el emperador Augusto, quien intenta convencerlo de preservar el poema para la gloria del Imperio romano.
La obra de Haecker sobre Virgilio intenta releer al poeta en clave de “paganismo adventista”, a partir de la idea, tan cara para autores como Tertuliano (ca. 160-ca. 220), de que el alma, aunque pertenezca al mundo pagano, no deja de ser por naturaleza cristiana: anima naturaliter Christiana (Tert. Apol. 17.6). Se parte, por tanto, de la consideración de un cierto sentido prospectivo de la vida del propio Virgilio, de forma que su obra debería leerse en la clave de lo que luego llegará a ser el cristianismo y la moderna cultura occidental. Como bien señala Haecker, es necesario partir del hecho, natural para San Agustín y para Dante, pero incomprensible, acaso, para la modernidad, de que la Roma cristiana surgiera de una Roma pagana (Haecker, 1945: 45). Asimismo, la Roma cristiana da lugar a la idea de un Occidente cristiano frente a Oriente. Para ilustrarlo, Haecker se centra en el pasaje del escudo de Eneas (Verg. Aen. 8,626-728), donde Virgilio situó, junto a las huestes de Octavio y Antonio, a los dioses monstruosos de Egipto que se erigían contra las divinidades de Venus, Apolo o Minerva (Haecker, 1945: 59-60). Resulta curioso que este pasaje también atrajera la atención de Adam Parry, egregio representante de la Escuela de Harvard, si bien con una interpretación mucho más abocada al conflicto político entre Marco Antonio y Octavio.
Otro argentino, al igual que Goyeneche, tradujo a la lengua española la obra de Broch en 1946, que se publicó en Buenos Aires bajo el sello editorial Santiago Rueda. Nos referimos a Arístides Gregori. Sin embargo, este libro, precisamente a partir de la traducción de Gregori, no llegó a publicarse en España hasta 1979, en la colección de Alianza Tres.
Desde luego, la revisión que se hace de la figura de Augusto en la novela es radicalmente distinta, así como el carácter e intención de Virgilio en su Eneida. Del cristianismo “avant la lettre” que propone Haecker, Broch deriva al pesimismo más lúcido.
Veamos ahora cómo cada autor considera el pasaje del escudo de Eneas, ubicado en el libro VIII de la Eneida. Haecker en ningún momento cuestiona a Octavio, en cuya lucha con Marco Antonio se convierte en el baluarte de Occidente y de su idea de orden:
Las Bucólicas, lo hemos de ver aún, son los elementos de la poesía de Virgilio, que se repiten constantemente en sus obras posteriores; revelan la medida de aquella fuerza sin la cual nadie es poeta, por muy grande hombre que sea en otros aspectos; muestran que Virgilio tiene una proporción lírica para el lenguaje y hasta qué punto es pura esa proporción; muestran que es poeta desde la raíz de su ser, que el poeta domina en él al pensador, aun cuando hubiera podido llevar a la práctica su decisión de no vivir, una vez concluida la Eneida, más que para el estudio de la filosofía. Pero no era éste su hado. Después de muchos años, siguieron las Geórgicas, cantos al trabajo y a la agricultura, y siguió… Áctium. ¡Cuánta suerte necesita un poeta clásico! Más que César. Sin esta decisión, por largo tiempo valedera, entre el Occidente y el Oriente, que Virgilio vió con absoluta claridad como la decisión entre el espíritu de Occidente con su idea del orden y de la luz y de la medida y de la confianza, y el de Oriente con su enormidad y desesperación —Virgilio ve en las figuras proféticas del escudo de Eneas, junto a los ejércitos de Octavio y Antonio, que luchan entre sí, los monstruosos dioses de Egipto, el labrador Anubis de cabeza de perro, arremetiendo contra Venus, Apolo y Minerva—, sin esta batalla y su efectiva decisión en favor del Occidente contra el Oriente, que estaba capitaneado por un desenfrenado traidor a su propio espíritu occidental —posibilidad que siempre puede darse de nuevo y hoy y en el futuro es más de temer que nunca—, sin esta intervención del hado no hubicra sido posible la Eneida. (Haecker, p. 59)
El propio Broch regresa a este pasaje del libro octavo de la Eneida, donde hace su aparición estelar Octavio, en uno de los episodios más tensos de su novela, justamente cuando el emperador logra quedarse con el manuscrito:
«-Hay pocas cosas tan dignas de mi memoria. ¿No fue poco después de regresar yo de Egipto, cuando me sometiste el primer esbozo de la epopeya?
-Tú lo has dicho.
-Y en el centro del poema, verdaderamente centro y clímax del poema, en el centro del escudo de los dioses que concediste a Eneas, ha[s] puesto la descripción de la batalla de Accio.
-Así lo hice. El día de Accio fue la victoria del espíritu romano y sus costumbres sobre las oscuras fuerzas de Oriente, la victoria sobre el oscuro misterio que acaso se había apoderado de Roma. Esta fue tu victoria, Augusto.
-¿Sabes el pasaje de memoria?
-¡Cómo podía saberlo! Mi memoria no alcanza la tuya.
-¡Oh, ningún engaño era posible! Inequívocamente el Augusto había dirigido los ojos hacia el cofre del manuscrito, y los mantenía fijos en él: ¡oh, no era una ilusión, había venido a quitarle el poema!» (Hermann Broch, La muerte de Virgilio, Madrid, 1995, 305)
Virgilio recitará ante Augusto los versos 674-688 del libro octavo, justamente donde aparecen enfrentados el mismo Augusto y su rival Marco Antonio. Los reproducimos en la versión de Aurelio Espinosa Pólit:
“En el medio campean las enormes
ferradas naves de la guerra de Accio:
sobre dorado oleaje está el Leucates
hirviendo todo en orden de batalla.
En un frente se yergue Augusto César:
toda Italia en pos de él, senado y pueblo
con los Penates y los Grandes Dioses.
Vese de pie sobre la excelsa popa,
lanzan sus sienes dos alegres llamas,
y el astro paternal sobre él fulgura.
Al favor de los vientos y los dioses
mandando su escuadrón avanza Agripa,
y al exhibirse -enseña de victoria-
la corona rostral luce en su frente.
Del otro lado Antonio, que volviendo
vencedor de los pueblos de la Aurora
y a costa bermeja con variados
ejércitos de bárbaros, arrastra
en pos de sí al Egipto y al Oriente,
y a la Batriana en sus confines últimos.
A su lado, ¡oh baldón!, la egipcia esposa…”
Naturalmente, este pasaje, con la presencia de Augusto y su gran colaborador, Marco Vipsanio Agripa, establece un dramático contraste con las figuras de Marco Antonio y Cleopatra, llamada por Virgilio su Aegyptia coniunx. En definitiva, Roma enfrentada a Oriente y Egipto. Parry, en el artículo citado, no pierde de vista este fundamental pasaje. Por una parte, compara la pareja formada por Dido y Eneas con la que representan Cleopatra y Marco Antonio. Resulta una comparación ciertamente desafiante, pero no creo que sea tanto por la comparación en sí como por lo que implican ambas parejas acerca de lo que podría haber sido y no fue (¿y si Eneas se hubiera quedado en Cartago, junto a Dido, desafiando al destino?). Por otra parte, Parry también recurre al escudo de Eneas y nos dice lo siguiente al respecto:
“Aeneas’ shield is adorned with scenes from Roman history, history which is future to him -it is here that we read of Augustus at the Battle of Actium- and as he puts it on, Virgil says:
He marvels at the scenes, events unknown to him,
and lays upon his shoulder the fame and fate of descendants
attolens umero famamque et fata nepotum” (Parry 1963, pp. 74-75 )
El verso que cita Parry es ya el que cierra el pasaje, es decir, el 731 del libro octavo, y apela a ese interesante concepto, tan propio de esta parte de la Eneida, como es el de un “futuro” para Eneas que ya es pasado para los lectores de la obra. Esta perspectiva nos recuerda al Futuro pasado del historiador Koselleck, donde, verosímilmente, vemos enfrentada la experiencia que supone el pasado con la expectativa del futuro, perfectamente recogida en estos últimos versos del pasaje:
“Esto Eneas admira en el escudo
que a Venus dio Vulcano; no comprende,
mas goza en las figuras, y alza al hombro
las glorias y los hados de sus nietos” (Virg. Aen. 8, 729-731)
Todavía en latín se expresa mejor o de manera más sintética este, llamémosle, “goce de la incomprensión”: rerumque ignarus imagine gaudet. En ningún momento Parry cita a Broch en su trabajo, pero Broch se adivina y, como en otras señeras ocasiones de la historia de la filología, la creación literaria se adelanta a lo académico. De esta forma, Augusto quiso que la Eneida perpetuara su imagen, su legitimidad y orden más allá de su propia circunstancia.
- Conclusiones
El análisis de los cuatro monumentos vinculados a Octavio Augusto —la estatua de Prima Porta, las Res Gestae Divi Augusti, el Ara Pacis y la Eneida— permite comprender que el poder de Augusto no se construyó únicamente mediante la acción política o militar, sino también a través de un complejo imaginario capaz de proyectarse sobre la sociedad y de perdurar más allá de su propia época. Cada uno de estos elementos representa una dimensión diferente de ese poder: la imagen personal del líder, la legitimación de su autoridad, la paz entendida como resultado del orden y, finalmente, la construcción de una memoria destinada a perpetuar su figura.
Uno de los aspectos fundamentales que se desprenden del trabajo es la estrecha relación entre poder, orden y paz. La contraposición entre la etapa republicana, asociada a las guerras civiles y a la división política, y la llamada «Edad de Augusto», presentada como un período de estabilidad, permite entender cómo se construyó la imagen de un poder absoluto capaz de poner fin al desorden. De este modo, Augusto aparece ante la posteridad como la encarnación de una autoridad que encuentra su justificación precisamente en la paz y en la estabilidad que proporciona.
El estudio de la recepción moderna de estos monumentos demuestra, además, que el imaginario augusteo no pertenece exclusivamente a la Antigüedad. Las diferentes lecturas realizadas durante los siglos XIX y XX muestran cómo la figura de Augusto fue recuperada y reinterpretada en contextos políticos muy diversos. Especialmente significativa resulta su utilización durante las dictaduras y los regímenes autoritarios del siglo XX, donde determinados aspectos de su figura —el liderazgo personal, la concentración del poder, la restauración del orden, la paz y la recuperación de un pasado imperial— podían servir para legitimar nuevas formas de autoridad. Los documentos estudiados, publicados o reeditados en momentos como la dictadura de Primo de Rivera, el ascenso del fascismo y el nacionalsocialismo o el final de la Segunda Guerra Mundial, permiten observar con claridad este proceso de apropiación del pasado.
La estatua de Prima Porta ejemplifica especialmente bien la construcción de la imagen del líder. Su difusión en materiales educativos y su posterior utilización propagandística muestran cómo una representación artística de Augusto pudo convertirse en un modelo visual del poder personal. Del mismo modo, las Res Gestae muestran la importancia de que el propio gobernante construya y transmita el relato de sus éxitos, convirtiendo su trayectoria política en una narración legitimadora. La selección y difusión de estas fuentes durante los años treinta revela, además, que la recepción de Augusto podía adquirir una dimensión política concreta en contextos favorables a la concentración de la autoridad. El Ara Pacis, por su parte, permite observar la asociación entre Augusto, la paz y el orden. La recuperación y reconstrucción del monumento durante el fascismo italiano demuestra hasta qué punto la Antigüedad podía ser utilizada para establecer una continuidad simbólica entre el poder imperial romano y los regímenes contemporáneos. Sin embargo, la posterior reedición de la guía de Moretti después de la Segunda Guerra Mundial muestra también que un monumento puede desprenderse parcialmente de su contexto político original y adquirir nuevas lecturas. Por tanto, el imaginario no permanece estático, sino que se transforma según las necesidades y perspectivas de cada época.
Finalmente, la Eneida introduce una dimensión diferente: la capacidad de la literatura para convertir el poder político en memoria y en destino histórico. La relación entre Augusto, Virgilio y Eneas permite presentar al emperador como heredero y culminación de una historia que comienza con los orígenes míticos de Roma. Las diferentes interpretaciones de Virgilio estudiadas —desde la lectura providencial de Haecker hasta la visión mucho más crítica y problemática de Broch— demuestran que incluso una obra destinada a contribuir a la construcción de la imagen augustea puede ser reinterpretada posteriormente desde perspectivas muy diferentes.
En definitiva, el principal resultado del trabajo es comprobar que el poder de Augusto no reside únicamente en los monumentos que dejó, sino también en el imaginario que estos monumentos han generado y en las sucesivas apropiaciones que de ellos se han realizado. Imagen personal, legitimación, paz vinculada al orden y memoria perenne constituyen los cuatro grandes componentes de ese imaginario. Su pervivencia a través de distintos períodos históricos demuestra que la figura de Augusto ha servido como un modelo recurrente para pensar y representar el poder político.
Por ello, estudiar a Augusto desde la perspectiva de sus imaginarios permite superar una lectura exclusivamente histórica de su figura y comprender cómo la Antigüedad puede ser constantemente reconstruida desde el presente. El caso de Augusto pone de manifiesto, en último término, que las imágenes, los textos, los monumentos y las obras literarias no solo conservan la memoria del pasado, sino que también pueden convertirse en instrumentos para construir nuevas interpretaciones del poder. Su influencia llega así hasta nuestro tiempo, muchas veces de manera inconsciente, como parte de un imaginario político y cultural que continúa asociando la imagen del líder con su legitimación, basada en el orden, y el afán de pervivencia histórica.


















































































