Una de las relaciones más interesantes que podemos plantear entre Virgilio y la literatura romántica nos la proporciona el poeta Giacomo Leopardi (1798-1837). Amante y estudioso de los clásicos, se dice que el poeta se desmayó, siendo niño, mientras leía la muerte de Dido en el libro IV de la Eneida. No en vano, cuando nos adentramos en el recinto que alberga la supuesta tumba de Virgilio, en Posilipo, lo primero que encontramos es la tumba de Leopardi. Vamos a analizar brevemente un eco textual de la primera bucólica de Virgilio que puede entreverse en el poema más famoso de Leopardi. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. CÁTEDRA DE HISTORIOGRAFÍA Y RECEPCIÓN DE LA LITERATURA GRECOLATINA. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE.
Aunque el movimiento romántico postergó a Virgilio frente a Homero, alguno de los poetas esenciales de aquella nueva sensibilidad, como Giacomo Leopardi (1798-1837), no en vano extraordinario conocedor de la literatura grecolatina, recoge en su poema titulado “L’infinito” sugerentes ecos de la primera bucólica virgiliana. Así lo señala con gran acierto Nicola Gardini (N. Gardini, ¡Viva el latín! Historias y belleza de una lengua inútil. Madrid: Crítica, 2017: 127-128). Léase el comienzo del poema leopardiano acompañado de su correspondiente versión española:
“Sempre caro mi fu quest’ermo colle,
e questa siepe, che da tanta parte
dell’ultimo orizonte il guardo esclude.”
“Siempre caro me fue este yermo collado
y este seto que priva a la mirada
de tanto espacio del último horizonte.”
(Leopardi, “L’infinito”, -trad. de Colinas [apud Colinas, 1985: 138-139]-)
Si acudimos ahora a ciertos versos de la primera bucólica, en especial el 53, no podrá menos que reconocer con asombro dos palabras ya utilizadas por Leopardi, “sempre” y “siepe”, que se corresponden con el adverbio semper y el sustantivo saepes, referido a la “linde” o “cercado”:
Hinc tibi, quae semper, vicino ab limite saepes
Hyblaeis apibus florem depasta salicti
Saepe levi somnum suadebit inire susurro.
“Y como siempre, aquí mismo el cercado del linde vecino,
lleno de flores de sauce, que liban abejas de Hibla,
te invitará muchas veces al sueño con suave susurro.”
(Verg. Ecl. 1,53-55 -trad. de Cristóbal López-)
Parece, pues, que Leopardi podría haber tenido in mente tales versos de Virgilio, sin duda aprendidos de memoria, si bien los utiliza para crear algo que estéticamente resulta ya muy distinto, pero que, sin embargo, no deja de remitirse a un paisaje idealizado que encarna, en definitiva, un estado de ánimo. FRANCISCO GARCÍA JURADO
OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
Prof. Dr. Francisco García-Jurado (16 de febrero de 2026). Virgilio y Leopardi: ¿un encuentro imprevisto? Reinventar la Antigüedad. Recuperado 6 de octubre de 2026 de https://doi.org/10.58079/15p2f
